España

Un año en Madrid

por Christian

Hace un año solicité una beca ERASMUS para pasar un año en España y perfeccionar mis conocimientos de la lengua. Así que después de un par de fiestas de despedida y vaciar mi habitación, emprendí el viaje «a la aventura» con sólo una mochila y mi ordenador. España, ahí te voy...

Al llegar, me pasaron una serie de cosas que por problemas de espacio no podría contarte con detalle, sin embargo te cuento algunas anécdotas particulares que hicieron de mi tiempo en Madrid, no sólo una aventura sino también una experiencia inolvidable en un lugar que después de un tiempo, se convirtió en «mi casa»

Fase uno: Llegando

Antes que nada, tenía que superar el primer obstáculo: encontrar un piso. Anuncios en internet, un móvil y una frase que de tanto «repasarla» hacía creer a cualquiera que ya hablaba español perfecto. «Hola...busco piso...¿puedo verlo?...» y cuando estás esperando una respuesta fácil como «sí» o «no...» la voz al otro lado del teléfono te hace una pregunta para la que no estás preparado y como es de esperarse, no entiendes nada! Y es que sinceramente, aún después de tres semestres de español en la uni, al principio no se entiende mucho de lo que hablan los madrileños. Si se cree que la cultura española es más relajada que la alemana, y se dice que los españoles no tienen prisa ni estrés ¿por qué hablan tan rápido?

Aun así, con un poco de suerte pude encontrar un cuarto en un piso compartido que en efecto, tenía no sólo una ventana y más de 5m², sino también compañeros de piso muy majos.

Fase dos: Acostumbrarse

Dedicarse a explorar las pequeñas diferencias culturales entre Alemania y España es importante y divertido a la vez. Por ejemplo, mis compañeros españoles me vacilaban por llevar en la mochila una «macro–botella» de agua (es decir, cualquier cosa que contenga más de medio litro) y yo les tomaba el pelo por su incapacidad de comer sin servilleta.

Por las mañanas, solía prepararme el desayuno con fruta, müsli, yogur, pan y huevos y ellos se partían de risa mientras remojaban sus galletas en un café con leche. Con el tiempo y la buena conviviencia, yo les preparaba escalopes y ensalada de patatas y ellos me enseñaban hacer una buena tortilla.

Ah! Hablando de comida tengo que confesar que no fue fácil entender que el reloj interno de los españoles se mueve a pasos mucho más lentos que el de los alemanes... y es que los horarios son para morirse, porque mientras mi estómago ya empezaba a revolucionarse a las ocho de la noche, mis queridos compañeros cenaban tranquilamente a las 22.30 horas!

Te recomiendo que si vas a vivir en España, vivas con españoles. De esta forma tendrás la oportunidad de escuchar, respirar y vivir la verdadera España fuera de los tumultos de turistas. Conviviendo con mis compañeros de piso tuve la mejor oportunidad de aprender no sólo secretos de la cocina española sino también expresiones coloquiales que en ningún curso de español se aprenden y detalles de la cultura que rompen con los ya muy trillados estereotipos...

Ojalá tu español mejore rápidamente, de lo contrario te verás envuelto en situaciones poco (des)agradables, como lo que me sucedió una noche en que una amiga me preguntó abiertamente «¿Cuánto apostamos, Christian?», que yo entendí como «¿Cuándo nos acostamos, Christian?»

Fase tres: Te has asimilado?

Ya conoces los sitios de la ciudad que más molan, pides cañas a mediodía, has comido todo lo que ofrecen en los bares auténticos, desde oreja de cerdo (!) a morcilla, escribes «jeje» en vez de «hehe» en los mensajes, te olvidas de brindar antes de beber, has jugado a «camarero» en un restaurante y conoces la diferencia entre un jamón serrano y un ibérico.

MADRID: Impresiones de un intercambio cultural

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Fase cuatro: Sentirse en casa

Aunque todavía todo el mundo te considere un «guiri» (toda la gente que viene del norte de Europa, o sea, todo lo que está más al norte de España), tú ya te sientes en casa. Andas por las calles comiendo pipas; palabras como tío, macho, tronco y chaval forman parte de tu vocabulario cotidiano y; como prueba definitiva, la cajera de la frutería de al lado de casa empieza a llamarte «Hola, mi corazón!»

Fase cinco: Volver

Ah Madrid, qué tiempo más maravilloso hemos vivido tú y yo! Tras una serie de grandes fiestas de despedida, vuelves a Alemania, a TU casa donde te esperan un par de fiestas de bienvenida. Pero en cuanto te cae el veinte de que efectivamente has regresado, notas cuánto echas de menos la vivacidad de España o tristemente te convences de que el Schwarzwald Schinken no sustituye a un buen ibérico para nada…

Pero a pesar de las anécdotas que te puedan pasar durante un año en el extranjero la experiencia es mucho más que la suma de esas curiosidades. La amabilidad y el temperamento de la gente conseguirán que al final le cojas mucho cariño a tu patria temporal y te lleves muchas amistades a Alemania.

Al final, no sólo aprenderás una nueva lengua sino que también conocerás la cultura española, lo que te proporcionará una nueva perspectiva sobre ti mismo, y te ayudará a comprender y valorar más tu propio país y tu cultura.

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